viernes 20 de junio de 2008

Aprovechando el plan Ruta Segura...


Puesto en marcha el piloto del genial –qué digo, ¡brillante!- plan de seguridad Ruta Segura, que volcaría la plantilla de la Guardia Nacional y las policías estadales y municipales en las unidades de transporte de transporte público del país, considero pertinente que se incorpore a esta cuadrilla una armada que corrija la urbanidad del colectivo venezolano. Esto lo digo a propósito de las calamidades que tienen por escena estos autobuses.
Lo que propongo es incorporar una armada de estetas con vocación docente, dos por unidad de transporte (una pareja porque el problema es grave en este momento, luego habría que tantear cómo evoluciona el plan, y se podría reducir a un profesor), para adentrar al colectivo local en nociones que seguramente la mayoría de los venecos no ha adquirido en sus hogares y escuelas. Me refiero a un adoctrinamiento sistemático (revolucionario, of course) basado en tópicos indispensables como: modales, sentido común, fotopose, pasarela, protocolo, cultura general... en fin, nociones básicas para vivir en sociedad procurando un contexto armonioso. Al encargado de semejante empresa se me ocurre llamar “El Gran Esteta”.

En temporada de campaña para elecciones regionales, algún precandidato debería incorporar esta propuesta a su plan de gobierno. Estoy convencido de que el que tome esta oferta ganaría algunos puntos en las encuestas de intención de voto.
Sería buenísimo aprovechar el recurso que usan los efectivos para registrar en gráficas su intervención pública, para tomar fotos a manera de “before and after” de cada uno de los individuos. Para esto, claro, habría que echar mano de los sistemas informáticos de los organismos públicos del país, tan delatores ellos, para que junto a los datos que están tan a la disposición de cualquiera que sea medianamente listo se vaya registrando la evolución estética del ciudadano, y se vayan aplicando los correctivos pertinentes. Nada más motivador que observar cómo era uno, y luego verse como una obra completada y divina... tiene un efecto psicológico vigorizante, realmente.
Utilicemos la referencia gráfica de arriba:


Podría dar la impresión de que este ambicioso proyecto no es factible, por lo exhaustivo que se supone es el trabajo de procurar en el individuo un proceso para desaprender malos hábitos, y porque no existe el capital humano necesario para esta empresa. Sin embargo lo considero completamente viable basándome en dos puntos esenciales:
A. Son largos los trayectos que en general recorren las masas para ir y devolverse de sus sitios de trabajo y/o estudios. Esto sumado a las colas interminables consecuencia de una insignificante planificación vial en contraste al crecimiento del campo automotor del país, hacen que un viaje que fácilmente puede durar 20 minutos, se múltiple a por lo menos el doble de este tiempo, lo suficiente para pasar revista a una lección diaria que habría que acordar con los especialistas de, no sé, ¿el Ministerio de Educación? Jajajaja, you know… Entonces cada día tendría una lección que aprender. Por ejemplo, Lección 1, Nociones de proporción: “Si usted ostenta un vientre prominente, bajo ninguna circunstancia debe vestir prendas que exponga sus michelines al horror colectivo”... se me ocurre, no sé... y toda la clase se iría en debatir qué tipo de prendas utilizar cuando uno no haya logrado ponerse tan flaco como para que el viento lo arrastre por las avenidas.
Sería como proponer la agenda del día. La gente pasaría todo el rato hablando de esto, y cada fecha tendría su lección a estudiar en el ámbito nacional, más o menos como el sistema “Pico y placa” que buscó controlar el tránsito.
B. Es bien sabido que muchas niñas venezolanas desean con fervor ser reinas de belleza, aunque sea en la fiesta de carnaval del colegio... o el salón... o comprar una coronita de plástico platinado para saludar al espejo en la intimidad de sus habitaciones, o tomarse fotos con ella para montarlas en Facebook. Es así como cada 100 metros aproximadamente hay una de estas taguaritas que se jactan de ser “academias” de “modelaje” (así, separado y entrecomillado), en Caracas, Valencia, Cabimas, Camaguán, en todos lados. Si algo hay que recocerle a quienes regentan estas bodegas baratas de ensoñación, es que han centrado su interés en procurar el decoro, aunque la concepción de esta palabra termine malinterpretada y plena de barroquismo seriado, y al finalizar el ensayo coreográfico las niñas se bajen del tacón para “perrear” en algún “matiné” del barrio y terminen en la cama con cualquier “cara de crimen”. Harina de otro costal.
Lo que he querido con esto es reconocer que hay una intención –subrayo, intención- de lograr asuntos más elevados a pesar del contexto marginalizado que prima en Venezuela. Habría que terminar de pulir las aptitudes de los profesores de las fulanas “academias”, para que luego cierren filas en esta armada de urbanidad, depuradas -insisto- de los vicios propios del mariquismo local... y creo que no hay necesidad de enumerarlos porque eso sería otra entrada, quizás en varias entregas.

Para completar esta cuadrilla esteticista, es necesario que en vez de ofrecer golosinas en los autobuses, los vendedores ambulantes, esos que se montan con sus “ofertas del día” de tres chocolates chilenos de pura manteca con azúcar por dos bolívares fuertes, deberían hacerse de productos que procuren una dieta que favorezca el mantenimiento de una figura “10”, tales como: barras de granola, bebidas energizantes, caramelos sin azúcar, todo lo que contribuiría a la disminución de problemas de salud pública –que ni tan caro les salen al Estado porque no invierten- como la obesidad mórbida que a su vez ocasiona problemas -por ejemplo- coronarios. Ellos además deberían ampliar su cartera de productos al incorporar publicaciones como Vogue, Cosmobicha, Vanidades (come on, es mejor que Condorito), Complot, Exceso, y para las rutas más suntuosas, Nylon, Vogue EEUU, Francia e Italia...

¿Ven? Ganamos todos.

martes 17 de junio de 2008

Hacerse a uno mismo

Puede resultar extraño para algún conservador que un mundano tan asumido como Boris Izaguirre utilice un versículo de la Biblia para iniciar su relato. “Plantó Yavé Dios un jardín en Edén, al oriente, y en él puso al hombre que había formado”, del versículo 4 del capítulo 1 del libro de Génesis.
Pero como las sagradas escrituras las conoce a detalle hasta el propio Satanás, el escritor se apropia de ellas quizás porque en este fragmento se encierra la esencia de Villa Diamante, un sumario perfecto para una novela de giros preciosos que narra la historia de una mujer que se hizo a sí misma a consecuencia de hallarse en un plan de vida –de la vida de otros- que la relegaba a papeles secundarios, un desarraigo que crecía al notar la suerte -o condena- de los que nacen enmantillados en belleza, dinero... poder finalmente.

Postdata: no sé todavía si debería ofrecer una disculpa por este tiempo que he permanecido sin postear. Me he dedicado a leer, dibujar y escribir, pero tal vez no me sienta lo suficientemente seguro para publicar todo esto que hago de modo tan íntimo.

martes 6 de mayo de 2008

Citas de Pedro León Zapata


Sobre la arquitectura:
A propósito del mural Otros mundos que hizo para la Facultad de Arquitectura y Diseño de La Universidad de Los Andes: “los hombres vivimos en este mundo tal cual es, pero en sus cabezas tienen un mundo ideal. El arquitecto quiere cambiar ese mundo y con ello la vida; cree en el postulado de que al modificarlo, cambia el pensamiento y la humanidad”.

Sobre el dibujo:
“(...)no hay manifestación más libre que el dibujo. Hay cosas que la mano hace con el lápiz que no se pueden revelar de ninguna otra manera. Parte de la libertad del dibujo es que es uno de los lenguajes del hombre para decir cosas, no para extasiarse en la belleza sino como vehículo de primer orden para las ideas. De nada vale dibujar de una manera prodigiosa y que al dibujante no se le ocurra nada”.
Tomado de: El Nacional. Cuerpo Escenas, página 4 (se me olvidó anotar la fecha)

miércoles 16 de abril de 2008

Minimalismo




"Si tienes expuesta la foto de tu madre y la ves cada día, llega un momento en que dejas de verla. Si buscas la foto de tu madre cuando la recuerdas le dedicas más atención cuando la miras. El minimalismo es un poco eso: frente a vivir rodeado de retratos, elegir cuándo quieres ver la foto de tu madre". John Pawson

martes 8 de abril de 2008

Brutal match

Siempre me ha llamado la atención entender a la moda como una expresión de las artes, y no como una simple industria de frivolidades. Por supuesto, habrán muchas ocasiones en las que no quedará más remedio que darle una lectura comercial o elementalista a cualquiera de las dos corrientes, y en esto insisto muchísimo, pero también entiendo que esta dupla está muy unida al manejar elementos estéticos para proponer un diálogo entre las piezas (atuendos, obras de artes) y el espectador.

Mi interés crece cuando hay un encuentro entre las dos expresiones, un esfuerzo por incorporar en el mismo discurso a dos lenguajes visuales en apariencia disímiles, pero en la práctica innegablemente hermanados. Es al caso del fashion spread que hizo Mario Testino para Vogue, la que la actriz Kate Bosworth luce estupenda con un vestido blanco de Phillip Lim, incorporada a un segmento de una de los números del grupo de perfomances Fuerza Bruta.

Vogue Diaries: Kate Bosworth


El resultado fue impactante, y salta la vista. Esta agradable noticia la supe, por supuesto que hace tiempo, a través del rementado portal style.com. Pero no fue agradable porque por lo estéticamente agraciado e “innovador” del asunto, sino por eso de imbricar el performance con la moda, en lo que resultaría una puesta en escena fashionista (y no estoy hablando de Galliano). A uno le da un orgullo cuando sale algo que a uno ya se le ocurrió, y hace tiempo, pero también le da un poco envidia por no haberlo hecho primero.

La agrupación de “no teatro” empuja a la audiencia a integrarse en sus presentaciones, de vivirlas. Las puestas en escena son una mezcla de actuación, danza contemporánea, efectos especiales, vestuarismo, performance, todo en una especie de trance colectivo muy rave, que entre paso y paso milimétricamente calculado, deja mucho espacio para la improvisación.

Lamentablemente no he tenido la oportunidad de asistir a una de las funciones de Fuerza Bruta, aunque me muero de ganas por vivirlo. Pero igual no importa; la mayoría de la gente que dice adorar el trabajo de Phillip Lim, Proenza Schouler o Derek Lam, jamás se han puesto un trapo de éstos. Si acaso lo han visto de cerca. Sin embargo, nada de esto lo priva uno de disfrutar el placer tan íntimo de la contemplación... otra vez, la actitud de apreciación de las artes.

www.fuerzabruta.net

lunes 7 de abril de 2008

Este vicio terrible del test

Este es un juego que me encomendó hacer mi querido Luchi*cha (link arriba), portador de un virus irremediablemente contagioso que llaman “testing”, y que él mismo se ha preocupado por perseguir por cuanta red virtual se propague, en sus diferentes mutaciones. Es terrible, lo juro. Quita tiempo y entretiene a iguales proporciones, de modo que es casi imposible quitárselo por cierta afección que se le desarrolla.

En este caso, va de lo siguiente: escribir ocho cosas que quiera realizar antes de morir, reenviárselo a ocho personas y agradecer a quien te seleccionó. So, thanks.

1. Ehmmm, qué pena, pero, ¿todos lo quieren no? Uhmmm, ¿cómo lo digo sin que suene cursi? Bueno, vale, estar por siempre con una persona que me dé alegrías tan grandes que eclipsen todas las tristezas espontáneas.
2. Trabajar única y exclusivamente en lo que me dé la gana, cuando me provoque, del modo en que me plazca.
3. Definir qué es “me da la gana”.
4. Tener un closet gigantesco. Repleto de ropa, zapatos y accesorios, claro.
5. Bajar tanto de peso que la gente no me reconozca.
6. Escribir, escribir y escribir, y tener la energía y el material necesario para hacerlo.
7. Editar una revista por puro entretenimiento. ¿Se solapa con el punto 3?
8. Repensar las cosas que quiero hacer antes de morir.

Eso nada más.

viernes 4 de abril de 2008

Living doll




Es inevitable, parece que el estilo de Carol Ginter está inspirado, esencialmente, en Barbie. Cuando se le echa un vistazo a su apariencia, salta a la vista que no sólo hay varias referencias de la eternizada muñeca (estatura, delgadez, femineidad desde cualquier ángulo y mucho tono rubio), sino que en su indumentaria y propuesta como diseñadora se representan las varias y diferentes ediciones por las que ha pasado la reina de la infancia de casi todas las niñas, entiéndase, desde la chica clásica hasta la glam rock, pasando por la hippie y la Cenicienta.

Se trata de una estética inspirada en varios sentidos, todo en nombre de lo trendy. Con frecuencia se muestra encaramada en zapatos con 12 centímetros de tacón, entallada la cintura con un fajín sobre vestidos o blusones de tono o estampado desafiante, no menos de 10 pulseras, blonda cabellera hasta la cintura, celular monísimo en mano, lentes a lo Jackie O y una bolsa de compras.

A todo riesgo de ser calificada como “mal vestida” (aunque hay que decir que su preocupación no es vestirse según las reglas, sino divertirse), Carol confiesa: “la verdad es que siempre me pongo lo que se me ocurre. A veces parezco una loquita, pero todo depende de cómo lo lleve”. Así, resuelve justificar su atrevimiento a jugar con diferentes ítems que han caracterizado a las chicas femeninas, y que permanecen en el imaginario colectivo como sus típicas armas: casi todos los tonos de azul, rosa y varios en género cítrico, telas vaporosas, print donde sólo a ella se le ocurre, accesorios varios, tejidos intervenidos con diferentes técnicas y materiales y mucho, mucho brillo. A esquivar: todo lo que sea considerado neutro.

Muchas veces parece que exagera a propósito con las menciones anteriores y en este sentido comenta que busca impresionarse a sí misma con su trabajo creativo, y se divierte mucho haciéndolo, al tiempo que atrae a un público tan puntual como interesante. Maximalista, así es ella, como si una muy accesorizada veinteañera se pusiera un modelo de Valentino confeccionado por los chicos de Heatherette. Esto es: telas agresivas en cortes clásicos mas no tradicionales.

A la mujer Carol Ginter le gusta la exclusividad, es atrevida, no teme al color y tiene una necesidad incontenible de diferenciarse de las conféminas.

El estilo de vida que desean proyectar las chicas que llevan su ropa, está relacionado con temas como la independencia y la femineidad, que cohabitan con el ideario del lujo cotidiano.

Seguidora de los internacionales Valentino Garavani (próximo a retirarse), John Galliano (director creativo de Dior) y Roberto Cavalli, esta diseñadora escucha las telas, las entiende, y a partir de ellas, crea. Saca provecho de su desafiante color, su complicada estampa y su rica textura para darle forma con talles atemporales, sin caer en convencionalismos. El primer artículo de su decálogo es que la cintura debe estar entallada, y esto no se negocia.

Además de su cotizada línea de jeans, la diseñadora comercializa su prêt-à-porter, una selección de accesorios que incluye carteras y bisutería, y para llevar su afán por la exclusividad al siguiente nivel, también presta un servicio de couture.

PS: esto lo escribí hace tiempo y se publicó en la revista Paréntesis del diario El Carabobeño. Me provocó compartirlo por acá. Las fotos son cortesía de la diseñadora.