
Puesto en marcha el piloto del genial –qué digo, ¡brillante!- plan de seguridad Ruta Segura, que volcaría la plantilla de la Guardia Nacional y las policías estadales y municipales en las unidades de transporte de transporte público del país, considero pertinente que se incorpore a esta cuadrilla una armada que corrija la urbanidad del colectivo venezolano. Esto lo digo a propósito de las calamidades que tienen por escena estos autobuses.
Lo que propongo es incorporar una armada de estetas con vocación docente, dos por unidad de transporte (una pareja porque el problema es grave en este momento, luego habría que tantear cómo evoluciona el plan, y se podría reducir a un profesor), para adentrar al colectivo local en nociones que seguramente la mayoría de los venecos no ha adquirido en sus hogares y escuelas. Me refiero a un adoctrinamiento sistemático (revolucionario, of course) basado en tópicos indispensables como: modales, sentido común, fotopose, pasarela, protocolo, cultura general... en fin, nociones básicas para vivir en sociedad procurando un contexto armonioso. Al encargado de semejante empresa se me ocurre llamar “El Gran Esteta”.
Lo que propongo es incorporar una armada de estetas con vocación docente, dos por unidad de transporte (una pareja porque el problema es grave en este momento, luego habría que tantear cómo evoluciona el plan, y se podría reducir a un profesor), para adentrar al colectivo local en nociones que seguramente la mayoría de los venecos no ha adquirido en sus hogares y escuelas. Me refiero a un adoctrinamiento sistemático (revolucionario, of course) basado en tópicos indispensables como: modales, sentido común, fotopose, pasarela, protocolo, cultura general... en fin, nociones básicas para vivir en sociedad procurando un contexto armonioso. Al encargado de semejante empresa se me ocurre llamar “El Gran Esteta”.
Sería buenísimo aprovechar el recurso que usan los efectivos para registrar en gráficas su intervención pública, para tomar fotos a manera de “before and after” de cada uno de los individuos. Para esto, claro, habría que echar mano de los sistemas informáticos de los organismos públicos del país, tan delatores ellos, para que junto a los datos que están tan a la disposición de cualquiera que sea medianamente listo se vaya registrando la evolución estética del ciudadano, y se vayan aplicando los correctivos pertinentes. Nada más motivador que observar cómo era uno, y luego verse como una obra completada y divina... tiene un efecto psicológico vigorizante, realmente.
Utilicemos la referencia gráfica de arriba:
Podría dar la impresión de que este ambicioso proyecto no es factible, por lo exhaustivo que se supone es el trabajo de procurar en el individuo un proceso para desaprender malos hábitos, y porque no existe el capital humano necesario para esta empresa. Sin embargo lo considero completamente viable basándome en dos puntos esenciales:
A. Son largos los trayectos que en general recorren las masas para ir y devolverse de sus sitios de trabajo y/o estudios. Esto sumado a las colas interminables consecuencia de una insignificante planificación vial en contraste al crecimiento del campo automotor del país, hacen que un viaje que fácilmente puede durar 20 minutos, se múltiple a por lo menos el doble de este tiempo, lo suficiente para pasar revista a una lección diaria que habría que acordar con los especialistas de, no sé, ¿el Ministerio de Educación? Jajajaja, you know… Entonces cada día tendría una lección que aprender. Por ejemplo, Lección 1, Nociones de proporción: “Si usted ostenta un vientre prominente, bajo ninguna circunstancia debe vestir prendas que exponga sus michelines al horror colectivo”... se me ocurre, no sé... y toda la clase se iría en debatir qué tipo de prendas utilizar cuando uno no haya logrado ponerse tan flaco como para que el viento lo arrastre por las avenidas.
Sería como proponer la agenda del día. La gente pasaría todo el rato hablando de esto, y cada fecha tendría su lección a estudiar en el ámbito nacional, más o menos como el sistema “Pico y placa” que buscó controlar el tránsito.
B. Es bien sabido que muchas niñas venezolanas desean con fervor ser reinas de belleza, aunque sea en la fiesta de carnaval del colegio... o el salón... o comprar una coronita de plástico platinado para saludar al espejo en la intimidad de sus habitaciones, o tomarse fotos con ella para montarlas en Facebook. Es así como cada 100 metros aproximadamente hay una de estas taguaritas que se jactan de ser “academias” de “modelaje” (así, separado y entrecomillado), en Caracas, Valencia, Cabimas, Camaguán, en todos lados. Si algo hay que recocerle a quienes regentan estas bodegas baratas de ensoñación, es que han centrado su interés en procurar el decoro, aunque la concepción de esta palabra termine malinterpretada y plena de barroquismo seriado, y al finalizar el ensayo coreográfico las niñas se bajen del tacón para “perrear” en algún “matiné” del barrio y terminen en la cama con cualquier “cara de crimen”. Harina de otro costal.
Lo que he querido con esto es reconocer que hay una intención –subrayo, intención- de lograr asuntos más elevados a pesar del contexto marginalizado que prima en Venezuela. Habría que terminar de pulir las aptitudes de los profesores de las fulanas “academias”, para que luego cierren filas en esta armada de urbanidad, depuradas -insisto- de los vicios propios del mariquismo local... y creo que no hay necesidad de enumerarlos porque eso sería otra entrada, quizás en varias entregas.
Lo que he querido con esto es reconocer que hay una intención –subrayo, intención- de lograr asuntos más elevados a pesar del contexto marginalizado que prima en Venezuela. Habría que terminar de pulir las aptitudes de los profesores de las fulanas “academias”, para que luego cierren filas en esta armada de urbanidad, depuradas -insisto- de los vicios propios del mariquismo local... y creo que no hay necesidad de enumerarlos porque eso sería otra entrada, quizás en varias entregas.
¿Ven? Ganamos todos.



